jueves, 17 de octubre de 2013

De Los Defectos (Historias de Paulo Coelho)


Gilberto de Nucci tiene una excelente imagen al respecto de nuestro comportamiento. Según él, los hombres caminan por la faz de la Tierra en fila india, cada uno cargando una alforja al frente y una detrás.
En la alforja del frente, nosotros colocamos nuestras cualidades. En la alforja de detrás, guardamos todos nuestros defectos.
Por eso, durante el viaje por la vida, mantenemos los ojos fijos en las virtudes que poseemos, apretadas en nuestro pecho. Al mismo tiempo, reparamos sin piedad, en los sacos de nuestro compañero que está delante, todos los defectos que él posee. 
Y nos juzgamos mejores que él, sin percibir que la persona que esta detrás de nosotros está pensando lo mismo respecto de nosotros.




martes, 15 de octubre de 2013

Del Deseo (Historias de Paulo Coelho)

En la edad media, las catedrales góticas eran construidas por varias generaciones. Este esfuerzo prolongado ayudaba  a los participantes a organizar su pensamiento, agradecer y soñar.
Hoy el romanticismo acabó, una construcción es apenas un negocio más. Entre tanto, el deseo de construir permanece. Mucha gente dedica el final de sus vidas para terminar una casa,  perfeccionar un jardín, levantar una capilla.
También nosotros precisamos ejercer este derecho; si no tenemos una catedral, reconstruiremos nuestro cuarto. Esto nos ayudará a conocer mejor quienes somos. Nos hará modificar una serie de cosas que nos están incomodando.
Tanto las iglesias como los hombres sufren del desgaste del tiempo – es por eso que no se pueden detener nunca.

domingo, 13 de octubre de 2013

Del Aeropuerto (Historias de Paulo Coelho)

Volábamos de Nueva York para Chicago, rumbo a un congreso literario. De repente, un joven se pone de pié en el pasillo del avión.  "Preciso doce voluntarios" dice. Cada uno deberá llevar una rosa, cuando
aterricemos".
Varias personas levantaron la mano. Yo también. Mas no fui escogido.  Pero resolví acompañar al grupo.
Descendimos, el joven apuntó a una muchacha en el pasillo del aeropuerto de O´Hare. Uno a uno, los pasajeros fueron entregando sus rosas a ella. Al final, el muchacho le pidió casamiento enfrente de todos, y ella aceptó.
Un comisario de abordo comentó conmigo: "desde que trabajo aquí, fue la cosa más romántica que pasó en este aeropuerto".

sábado, 12 de octubre de 2013

De la Participación (Historias de Paulo Coelho)

La vida nos pide constantemente: "¡Participa!". La participación es necesaria para nuestra alegría, pero también para nuestra protección. Quien se desentiende delante de las barbaridades que ve, está prestándole servicio a la fuerza de las tinieblas, y esto le será cobrado algún día.  
Hay momentos en que evitamos la lucha, bajo los más diversos pretextos: serenidad, madurez, miedo al ridículo. Vemos la injusticia haciéndose próxima a nosotros, y nos quedamos callados.  "No me voy a meter en todas las peleas", explicamos.
Esto no existe. Quien recorre un camino espiritual, carga consigo un código de honor que debe ser cumplido.
La voz que clama contra lo que está mal siempre es oída por Dios.
Si nuestro hermano no tiene más fuerzas para reclamar, es nuestro turno de hacerlo por él.

viernes, 11 de octubre de 2013

De la Escuela (Historias de Paulo Coelho)

Un amigo comentó con Julio Ribeiro: "Es más complicado organizar una escola do samba que la General Motors. Son cinco mil personas, que asisten puntualmente a los ensayos, aprenden de memoria la letra de sambas complicadísimas, conciben escenografías de Hollywood, confeccionan miles de  adornos, organizan a decenas de costureras. Obedecen ciegamente la orden de los fiscales, llegan sin atraso a la concentración, ayudan a empujar los coches alegóricos.  Ahí, samban por apenas una hora, y luego lloran si la escuela pierde.
"¿Cómo llegan a la precisión de reloj suizo?"
Nadie decía nada. Y mi amigo respondió a su propia pregunta: "Porque todos quieren una misma cosa, en este caso, desfilar bien. Cuando se han unido en torno a un mismo objetivo, no hay obstáculo que perturbe".


jueves, 10 de octubre de 2013

De la Casa (Historias de Paulo Coelho)

Un conocido mío, por su capacidad de combinar sueño con la realidad, terminó con serios problemas financieros. Y peor: envolvió  a otras personas, perjudicando a gente que no quería herir.
Sin poder pagar las deudas que se acumulaban, llegó a pensar en el suicidio. Caminaba por una calle cierta tarde, cuando vio una casa en ruinas. "Aquel predio de allí, soy yo", pensó. En ese momento, sintió un inmenso deseo de reconstruir aquella casa. Descubrió al dueño, encontró la manera de conseguir ladrillos, madera, cemento. Trabajó con amor, sin saber porque ni para que. Pero sentía que su vida personal iba mejorando a medida que la reforma avanzaba.
Al cabo de un año, la casa estaba lista. Y sus problemas personales solucionados.

miércoles, 9 de octubre de 2013

Del Desierto (Historias de Paulo Coelho)

Un hombre deja la vida mundana y se transforma en un ermitaño. Lejos del centro de decisiones políticas de la época pasa años de su vida intentando preparar el camino para el Mesías. Se define como "una voz que clama en el desierto".
En un primer momento, podemos pensar que tal hombre – Juan Bautista – no tenía ninguna influencia en su época. Pero la historia nos muestra lo contrario: su presencia fue fundamental en la vida de Jesús.
¿Cuántas veces nos sentimos como voces que claman el desierto? Nuestras palabras parecen perderse en el viento, nuestros gestos aparentemente no despiertan ninguna reacción.
Juan persistió, nos cabe a nosotros hacer lo mismo. Las voces que claman en el desierto son las que escriben la historia de su tiempo.

martes, 8 de octubre de 2013

Del Ladrillo (Historias de Paulo Coelho)

Durante un viaje, recibí un fax de mi secretaria.
"Está faltando un ladrillo de vidrio para la reforma de la cocina" – decía ella. "Le envío el proyecto original, es un proyecto que el albañil usará para recompensar la falta".
Por un lado, había deseado que mi mujer lo hiciera: filas armoniosas de ladrillos de vidrio, con una abertura para la ventilación. Del otro lado, el proyecto que resolvía la falta de un ladrillo: un verdadero rompecabezas, donde los cuadrados de vidrio se mezclaban sin
cualquier estética.
"Compren el ladrillo que falta", escribió mi mujer. Así se hizo. Y el diseño original fue mantenido. Aquella tarde, me quede pensando mucho tiempo en lo ocurrido, cuantas veces, por la falta de un simple ladrillo, desfiguramos totalmente el proyecto original de nuestras vidas.